Primero despiden a los jefes de las plantas alegando falta de fondos. Meses después comienzan las averías, los relevos de carga y cientos de miles de personas terminan nuevamente a oscuras. Ahora resulta que parte del problema pudo haber sido la falta de personal. En cualquier compañía seria, eliminar puestos esenciales sin garantizar quién asumirá esas responsabilidades tiene consecuencias. Pero en Puerto Rico parece que primero toman las decisiones, después ocurre el desastre y al final comienza el deporte nacional de tirarse la culpa unos a otros. Genera culpa al presupuesto, los funcionarios apuntan a Genera y el pueblo es quien termina perdiendo la luz, los alimentos y los enseres. Lo mínimo que corresponde es explicar quién autorizó esos despidos, qué experiencia tenía el personal que los reemplazó y quién responderá por los daños. Porque administrar una red eléctrica no puede convertirse en un experimento de “vamos a recortar y después vemos qué pasa”.

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