Sí, bajó… pero tampoco es para celebrar como si nos estuvieran regalando la gasolina. Que el precio caiga unos cuantos centavos después de haber subido casi un dólar en comparación con el año pasado no es un “gran alivio”; es simplemente pagar un poco menos por algo que todavía está mucho más caro. El problema es que estas subidas no se quedan únicamente en la bomba. Cuando aumenta el combustible, también suben las entregas, los alimentos, los servicios y prácticamente todo lo que depende de un vehículo. Después anuncian una rebajita de seis centavos como una victoria, pero los 86 centavos adicionales que seguimos pagando se sienten cada vez que llenamos el tanque. La pregunta sin pelos es sencilla: ¿realmente están bajando los precios o solamente nos estamos acostumbrando a pagar más?

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