Aquí es donde la cosa se pone seria: productos que durante años se compraron legalmente en tiendas de Texas podrían convertir desde hoy a cualquier persona en un criminal. El estado asegura que la medida busca proteger a los menores y controlar productos psicoactivos que, según las autoridades, no siempre están regulados correctamente. Y esa preocupación es válida, especialmente ante el aumento de intoxicaciones relacionadas con cannabis entre niños y adolescentes. Pero también existe otra realidad: miles de adultos compraron esos productos legalmente y muchos ni siquiera saben que las reglas cambiaron. Tener guardado un paquete de delta-8 o flor THCA comprado ayer podría ocasionar desde hoy un problema legal grave. Además, unos 14,000 establecimientos cuentan con autorización para vender cáñamo consumible en Texas. Algunos podrían perder gran parte de su inventario y otros posiblemente no sobrevivan económicamente. Regular para proteger al consumidor es una cosa. Convertir de un día para otro en criminal a quien compró legalmente es otra completamente distinta. La pregunta Sin Pelos es sencilla: ¿Texas está protegiendo a las familias o regresando silenciosamente a la época de la prohibición?

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