Este juego arrancó con bofetá y terminó en paseo. Gran Bretaña salió agresiva y Nate Eaton puso a temblar a medio mundo cuando le sacó la bola a Skubal en el primer pitcheo de la noche. Ese tipo de arranque te puede descuadrar un juego completo, más cuando estás en un torneo corto donde cada inning pesa un montón. Pero Skubal hizo lo que hacen los caballos de verdad: no se cayó, se reajustó y dominó el resto de su salida con cinco ponches, sin boletos y casi sin dejar respirar a nadie más. La clave aquí fue que Estados Unidos no se desesperó. La ofensiva estuvo tranquila por cuatro entradas, pero en la quinta se abrió la llave. Empataron el juego, Schwarber metió un jonrón de dos carreras para virar la pizarra y después el lineup siguió castigando hasta convertir un partido incómodo en una victoria clara. Gunnar Henderson también metió mano duro con cuatro hits y dos impulsadas, demostrando que este equipo no depende de un solo nombre para producir. Lo más importante para Team USA no fue solo ganar, fue la manera en que respondió. Cuando un equipo recibe un cantazo temprano y aun así termina ganando 9-1, el mensaje es claro: hay profundidad, hay temple y hay poder para cambiar un juego rápido. Ahora Estados Unidos se pone 2-0 en el grupo y sigue viéndose como uno de los favoritos serios del torneo.

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