Esto fue béisbol del que pone a brincar a un país completo. Puerto Rico estuvo contra la pared, abajo en el marcador, con el juego apretado y la presión encima, pero apareció Darell Hernaiz a meter el batazo que cambió la noche y encendió el Hiram Bithorn. No fue un jonroncito cualquiera: fue un walk-off en extra innings, de esos que convierten a un jugador en héroe de un cantazo. Lo más duro de todo es que Puerto Rico no ganó un juego fácil. Panamá le jugó fuerte, lo tuvo incómodo casi toda la noche y por momentos parecía que iba a dañar la fiesta en casa. Pero el equipo boricua encontró la manera de mantenerse vivo, empató en el momento correcto y luego Hernaiz remató la película con un palo de 374 pies por el bosque izquierdo. Este triunfo vale más que una simple victoria en fase de grupos. Pone a Puerto Rico 2-0, lo acomoda durísimo en el panorama del Pool A y le da un empujón emocional brutal al equipo. En torneos cortos como el Clásico, estos juegos cambian el ánimo, el momentum y hasta la confianza con la que entras al próximo partido. En arroz y habichuela: Hernaiz no solo ganó el juego, le metió gasolina a Puerto Rico en el momento exacto.

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