Trump se paró firme a vender la narrativa de que la economía está sólida, que el empleo está fuerte y que el país va avanzando. Pero en la calle la conversación es otra: alquileres altos, compra cara y bolsillo apretado. El discurso no solo fue económico, fue político. Claramente busca reforzar confianza antes de las elecciones y marcar contraste con los demócratas. Mientras él habla de crecimiento, la oposición insiste en que la inflación y la asequibilidad siguen siendo el dolor de cabeza principal de millones. Aquí la pregunta real no es lo que se dice en el podio… es lo que siente la gente cuando paga la renta o va al supermercado. Y eso pesa más que cualquier estadística bonita.

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