Esto está caliente porque Melania no salió con un mensajito flojo ni con un comunicado de dos líneas; salió de frente a decir “basta ya” y a marcar distancia total del caso Epstein. Básicamente, lo que está diciendo es: “sí, coincidimos en parties porque ese corillo se cruzaba en New York y Palm Beach, pero de ahí a que haya amistad o relación, no”. 
La vuelta aquí no es solo que negara la conexión. Lo que le mete peso a la noticia es que también dijo que su nombre no aparece en documentos judiciales, deposiciones, declaraciones de víctimas ni entrevistas del FBI relacionadas con el caso, y que varias personas o entidades ya se han visto obligadas a retractarse públicamente sobre alegaciones falsas contra ella. 
Ahora, donde esto se pone políticamente sabroso es que Melania aprovechó el momento para pedir audiencias públicas para las sobrevivientes de Epstein. O sea, no solo se defendió; también trató de virar la conversación hacia las víctimas y hacia una presión directa al Congreso. Eso convierte el mensaje en algo más grande que un simple “yo no fui”. 
En arroz y habichuelas: Melania salió a limpiarse el nombre en público en medio de un tema que sigue siendo tóxico para el entorno de Trump. Y cuando una figura como ella, que no suele tirarse mucho al frente, decide hablar así de claro, es porque el asunto le estaba pesando demasiado o porque entendieron que ya era hora de cortar la movie de raíz. 
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