Puerto Rico salió al terreno con la presión encima y respondió como tenía que responder: con pelota dura. El equipo boricua logró producir carreras en momentos importantes del juego y supo controlar la ofensiva colombiana cuando más peligro representaba. Cada inning se sintió como una pelea, pero Puerto Rico fue el que dio los batazos cuando había que darlos. Colombia no se la puso fácil. La novena colombiana mostró velocidad, agresividad y buen pitcheo en varias entradas, pero los boricuas lograron romper el juego con batazos oportunos que terminaron inclinando la balanza. La victoria no solo suma en la tabla… también levanta el ánimo de la fanaticada boricua, que siempre convierte el WBC en una fiesta cuando su equipo empieza a engranar. Ahora Puerto Rico sigue con vida en el torneo y manda un mensaje claro al resto del grupo: si el bateo despierta, este equipo puede complicarle el camino a cualquiera.

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