Esto no fue “otro caso más”. Esto fue una salvajada. Dos muchachas que venían de jugar voleibol, de hacer algo positivo, terminaron en una emboscada a tiros como si en la calle ya cualquiera valiera nada. Según el relato preliminar, el conductor escuchó a una de las menores gritar “me dieron” en medio de la ráfaga. Esa frase sola ya te dice el nivel de horror. Lo más fuerte de esta historia es que la víctima era una niña de 14 años, descrita por la alcaldesa de Loíza como excelente estudiante, amante de los deportes y con un futuro prometedor. No estamos hablando de estadísticas frías. Estamos hablando de una menor que debía estar pensando en su próximo juego, en su escuela, en su vida. No en morir baleada dentro de un carro. La Policía indicó que los atacantes se acercaron en dos motoras y dispararon contra un Kia Forte rojo. En la escena ocuparon alrededor de 50 casquillos de pistola 9 milímetros y rifle, lo que pinta un ataque brutal y totalmente desproporcionado. También se informó que no se descarta ningún ángulo en la investigación. Encima de eso, el caso vuelve a poner sobre la mesa la realidad más cruda del país: cuando la violencia explota así, los inocentes terminan pagando. Mientras tanto, una familia queda destruida, otra menor sigue hospitalizada en condición de cuidado, y un pueblo entero vuelve a preguntarse hasta cuándo.

Comunidad
Debate ideas sin ataques personales.
Sé el primero en comentar.