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¿Creemos por convicción o por costumbre? La religión que heredamos

¿Elegimos realmente nuestra religión o creemos lo que aprendimos desde pequeños? Una reflexión sobre la fe, las etiquetas y el derecho a cuestionar.

¿Creemos por convicción o por costumbre? La religión que heredamos

Este tema fue propuesto por Rodz Mar Glery, quien creció dentro de la religión católica y agradece muchos de los valores que aprendió durante esa etapa de su vida.

Sin embargo, con el paso del tiempo también comprendió que escuchar otras religiones, visitar diferentes iglesias y conversar con personas que creen distinto no representa necesariamente una traición a su fe.

En ocasiones, conocer otras perspectivas simplemente nos obliga a pensar.

Y de ahí nace una pregunta que puede incomodar a más de uno

¿Cuánto de lo que creemos realmente lo escogimos?

La mayoría de las personas nacemos dentro de una familia que ya tiene una religión, unas tradiciones y una manera particular de entender a Dios.

Antes de tener edad para analizarlo, ya nos dijeron

  • En qué debemos creer.
  • Cómo debemos orar.
  • Qué está bien y qué está mal.
  • Cuál es la religión “correcta”.
  • Qué podría pasar si nos alejamos de ella.

Eso no significa automáticamente que nuestra familia nos haya hecho daño. En muchos casos, nuestros padres simplemente nos enseñaron aquello que ellos también aprendieron y consideran verdadero.

Pero vale la pena preguntarnos

Si hubiéramos nacido en otro país, dentro de otra cultura o con otros padres, ¿creeríamos exactamente lo mismo?

Probablemente no.

Entonces, ¿cuánto de nuestra fe proviene de una convicción personal y cuánto pertenece al lugar donde nacimos y a la manera en que fuimos educados?

Todos creemos que tenemos la razón

Aquí es donde el tema se pone interesante.

Cada religión posee personas completamente convencidas de que su camino es el correcto. Muchas recibieron sus creencias desde la infancia, de la misma manera que nosotros recibimos las nuestras.

Sin embargo, todavía existen quienes rechazan, condenan o se burlan de cualquier persona que piense diferente.

No estamos hablando de renunciar a nuestras creencias ni de aceptar todas las ideas como verdaderas. Estamos hablando de reconocer que nadie eligió el país, la familia ni la cultura en la que nació.

Creer firmemente en algo no nos da permiso para menospreciar al prójimo.

Seguimos etiquetando a las personas por su apariencia

Rodz contó que recientemente alguien señaló a una persona y comentó

Mira, un mormón.

Cuando ella preguntó cómo sabía que pertenecía a esa religión, la respuesta fue sencilla

Porque se viste como uno.

Esa respuesta abre otra conversación.

¿Cuántas veces decidimos quién es una persona solamente por su ropa, apariencia, acento o manera de comportarse?

Sin conocerla, ya le asignamos una religión, una personalidad y hasta una intención.

Incluso el término “mormón” puede ser motivo de conversación, pues muchos miembros prefieren que se utilice el nombre de su iglesia o que se les identifique como Santos de los Últimos Días.

Pero el problema principal va más allá del nombre.

El problema es nuestra facilidad para colocar etiquetas antes de conocer a la persona.

¿Hacer preguntas significa tener poca fe?

Existen relatos y pasajes religiosos que algunas personas aceptan literalmente, mientras que otras encuentran difíciles de comprender.

Cuando alguien hace preguntas, es común escuchar respuestas como

  • “Eso fue un milagro”.
  • “Esa fue la gracia de Dios”.
  • “No tienes que entenderlo, solo creerlo”.
  • “No cuestiones los planes de Dios”.

Para muchas personas, esas respuestas son suficientes y les ofrecen paz. Eso merece respeto.

Pero también debe respetarse a quien necesita continuar preguntando, investigando y reflexionando.

Preguntar no siempre significa rechazar a Dios. A veces significa que queremos comprender mejor aquello que decimos creer.

Si Dios nos dio la capacidad de pensar, analizar, aprender y tomar decisiones, ¿por qué utilizar esas capacidades tendría que considerarse una falta de fe?

¿Milagro, suerte o consecuencia de nuestras decisiones?

Cuando algo bueno ocurre, algunas personas inmediatamente se lo atribuyen a Dios. Otras lo llaman suerte, disciplina, preparación o resultado de una buena decisión.

También puede ocurrir lo contrario: tomamos una serie de malas decisiones y, cuando llegan las consecuencias, buscamos una explicación espiritual para todo lo sucedido.

Reconocer el peso de nuestras decisiones no significa negar la fe de nadie.

Significa aceptar que nuestras elecciones diarias también construyen el rumbo de nuestra vida.

Podemos orar, tener fe y pedir dirección, pero eso no elimina nuestra responsabilidad sobre lo que hacemos después.

Escuchar otras creencias no destruye la tuya

Visitar otra iglesia, aprender sobre una religión diferente o escuchar respetuosamente a alguien que piensa distinto no significa que tengas que abandonar tus convicciones.

Una creencia verdaderamente firme no debería sentirse amenazada por una conversación.

Tal vez escuchar otras perspectivas confirme lo que ya creemos. Quizás nos permita modificar alguna opinión. También puede dejarnos con más preguntas que respuestas.

Pero conocer no es lo mismo que convertirse.

Escuchar no significa aceptar.

Respetar no significa estar de acuerdo.

No se trata de decidir quién tiene la razón

Esta conversación no busca determinar cuál religión es la verdadera ni convencer a nadie de abandonar su fe.

Busca algo más sencillo y, a la vez, más difícil: aprender a convivir con personas que creen diferente.

Podemos defender nuestras convicciones sin burlarnos de las ajenas.

Podemos hacer preguntas sin atacar.

Podemos reconocer que no entendemos algo sin convertir al otro en nuestro enemigo.

Y podemos aceptar que una persona no es automáticamente mala, ignorante o condenada solamente porque interpreta la vida y la espiritualidad de otra manera.

Abrimos el micrófono para ustedes

Rodz asegura que todavía tiene mucho más que decir sobre este tema. Nosotros creemos que también hay mucha tela para cortar.

Por eso queremos preguntarles

¿Tu religión actual nació de una decisión propia o es la misma que te enseñaron desde pequeño?

Si hubieras nacido en otra familia o en otro país, ¿piensas que creerías lo mismo?

¿Se puede cuestionar una enseñanza religiosa sin perder la fe?

¿Has sentido rechazo o has sido etiquetado por pertenecer a determinada religión?

Aquí no buscamos decidir quién tiene la razón. Queremos crear un espacio donde se pueda hablar de religión, fe y dudas con respeto, sin burlas y sin miedo a pensar.

Gracias a Rodz Mar Glery por proponer una conversación tan profunda, controversial y necesaria.

Ahora el micrófono es de ustedes.

Conclusión

Si esto te hizo pensar, perfecto. Si te picó, mejor. Aquí no se escribe para caer bien.

Comunidad

EL MICRÓFONO ES TUYO

¿Qué opinas sobre este tema? Habla claro, pero debate las ideas sin faltarle el respeto a los demás.

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